¿Por qué somos subdesarrollados?


Por Victor Tapia
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haber llegado a la independencia sin verdadera identidad humana ...

Carlos Fuentes, 1969

I. El origen del subdesarrollo

Uno de los argumentos más discutidos de la politología internacional y comparativa es el de las posibles explicaciones del subdesarrollo o del estado de desarrollo económico de los países del Tercer Mundo. Se trata de una problemática que ha sido afrontada desde distintas perspectivas tanto por economistas como por sociólogos. Su definición no es uniforme: algunos se refieren a las relaciones norte-sur, otros a la teoría del desarrollo económico, etc. Una manera bastante más neutral de referirse a esta situación es denominándolas 'relaciones asimétricas' (Fossati, 1997). Por otro lado, a menudo se ha llamado la atención sobre la falta de conclusiones de este sector de estudios; se pueden identificar dos periodos: el periodo de los años 60 y 70, rico en teorías pero pobre en investigación empírica, y el periodo de los años 80 y 90, con características exactamente opuestas: from data-free theories to theory-free data (desde las teorías sin datos a los datos sin teorías).

Al parecer existen tres grandes teorías que explican el desarrollo (y el subdesarrollo) y que se refieren a tres tipos de actores: los internacionales, los estatales y los internos. En estos estudios se hace referencia principalmente a dos factores económicos: el crecimiento y la igualdad. Existe una cuarta teoría que considera los factores culturales como causa del subdesarrollo.

Los factores internacionales como causa del subdesarrollo. Como siempre es necesario comenzar con las corrientes de pensamiento dominantes sobre las "relaciones asimétricas'': este es el modelo centro-periferia. Aquí existen dos subcategorías de investigaciones: marxistas y estructuralistas. Una característica común de tal tipo de estudios es nunca haber hecho una investigación empírica en apoyo de las propias teorías. El postulado de partida es la ecuación entre capitalismo del centro y subdesarrollo de la periferia. Por supuesto, el principal inspirador del modelo centro-periferia es Marx, aunque en realidad Marx nunca afirmó que el capitalismo fuera la causa del subdesarrollo. Los países del Tercer Mundo están actualmente atrasados porque ha habido una demora en el paso del feudalismo al capitalismo. El que sí hizo una ecuación entre capitalismo y explotación fue Lenin, aun cuando la suya era esencialmente una teoría sobre el imperialismo. Baran (1957) fue el estudioso que de manera más pulida formuló la ecuación entre penetración capitalista del centro y subdesarrollo de la periferia. Weisskopf (1970) además relacionó el desarrollo de los países del Norte con el subdesarrollo de los países del Sur. Para los marxistas, el mecanismo clave de la explotación pasa a través de las empresas multinacionales que extraen el surplus, el sobrante, de las economías de los países del Tercer Mundo. Por supuesto, el origen de estos fenómenos había que atribuirselo al colonialismo, aunque la mayor extracción de sobrante ocurre justamente en el periodo posterior a la descolonización, es decir, el neo-colonialismo.

El estructuralismo nace como un movimiento de oposición a los promotores de la modernización de los países en vías de desarrollo. Después de la Segunda Guerra Mundial, los estudiosos liberales planteaban que los países del Tercer Mundo podrían repetir las etapas de desarrollo económico de los países occidentales, abandonando el subdesarrollo económico típico de las sociedades tradicionales. La contribución más interesante fue, sin duda, la de Hirschmann (1945), quien enfatizó la existencia del subdesarrollo en relación con la falta de capacidad en la toma de decisiones en los países del Tercer Mundo.

Tanto para los marxistas como para los estructuralistas, la "madre de todos los sufrimientos'' es el colonialismo.

En los años 60 se desarrolla una tercera línea de estudio, la dependentista, que se puede reconducir a la categoría de los marxistas; la novedad está en el hecho que los estudiosos son casi todos de América Latina. [Una abundante bibliografía comentada acerca de la teoría del dependentismo se puede encontrar en Jiménez (1977).] La formulación más famosa, y al mismo tiempo la más débil, de la teoría de la dependencia es la de Frank (1967), quien desarrolló una versión más elegante del modelo centro-periferia, en la cual los topdogs (los malos) de los dos sistemas se alían para explotar a los underdogs (los buenos), que son débiles justamente porque están sujetos a la fragmentación.

Es imposible no especular acerca de si ésta era la argumentación teórica que necesitaba un cierto sector de la izquierda latino-americana para justificar su existencia.

Los factores estatales como causa del subdesarrollo. Esta familia de teorías se puede subdividir en dos subcategorías. Algunos estudiosos explican la acción del Estado a través de las dinámicas de poder; otros enfatizan los factores institucionales, con un papel determinante de las burocracias públicas.

Los factores internos como causa del subdesarrollo. Una minoría de estructuralistas sostenía que en la cadena de explotación de los países en vías de desarrollo el peso de la burguesía local fuera más relevante que aquel de las empresas multinacionales y de los gobiernos de los países del Norte.

De las tres teorías económicas expuestas anteriormente sólo la primera parece ser de cierta relevancia mientras que las otras dos parecen ser variantes de la primera. Llegamos por lo tanto a nuestra cuarta teoría.

Los factores culturales como causa del subdesarrollo. Esta línea de interpretación es completamente diferente de las tres anteriores, que se basan más bien en factores políticos y económicos. El paradigma cultural también se puede utilizar para explicar las diferencias en términos de desarrollo económico entre las varias regiones del Tercer Mundo. Por lo tanto, tales diferencias se pueden explicar a partir de las civilizaciones que están en la base de la intelectualidad de los gobernantes y de los principales actores socio-políticos de los países en vías de desarrollo.

En esta teoría los estudios se limitan principalmente a dos autores: Galtung (1981) y Huntington (1993). Ellos dan definiciones diferentes del concepto de civilización. Según Huntington, la civilización es aquel grupo de pueblos con el más alto nivel de identidad. La definición de Galtung es más satisfactoria pues hace referencia a una condición precisa: un grupo de pueblos se transforma en una civilización cuando tiene las mismas convicciones, o visión cosmológica, con respecto a los siguientes seis aspectos vitales:

1. los fundamentos del conocimiento,
2. el concepto de tiempo,
3. el concepto de espacio,
4. las relaciones interpersonales,
5. las relaciones de las personas con la naturaleza,
6. las relaciones de las personas con las divinidades.

La importancia de las cosmologías en la definición de las civilizaciones hace que a veces prevalga una religión, a veces una nación. También existen civilizaciones "perdedoras'', que han sido dominadas por las "vencedoras''. El hacer parte de una civilización con cosmologías propias refuerza la identidad cultural y hace que los gobernantes locales sepan elegir las soluciones adecuadas por lo que concierne su alternativa de desarrollo y las políticas económicas. La teoría de las civilizaciones se preocupa, sobretodo, de las tendencias de larga duración.

El fracaso de América Latina, de áfrica y de los países de Oceanía sería imputable, por lo tanto, a una total ausencia de identidad cultural. Dado que las civilizaciones locales fueron derrotadas por la civilización Occidental, las élites de estos países quedaron incapacitadas para elegir las soluciones adecuadas, o desaparecieron. Las civilizaciones híbridas que han surgido en su lugar aspiran a imitar la civilización Occidental, pero en esta operación no pueden integrarse con la población de origen indígena, en particular en el caso de América Latina donde el mestizaje es alto. En estos países, el objetivo más difícil de alcanzar no es tanto el crecimiento económico, sino más bien la equidad y la identidad. Aquí aparece en modo claro una gran diferencia con los estudiosos tercermundistas que atribuyen la ausencia de equidad exclusivamente al capitalismo.

Se pueden identificar tres categorías de países: con alta identidad y cosmologías vencedoras (Estados Unidos); con alta identidad y cosmologías perdedoras (México); con baja identidad y cosmologías "importadas'' (Colombia). La posibilidad de explicar el distinto rendimiento, en términos de desarrollo económico, de las tres categorías es lo que vuelve convincente a esta teoría.

Estas consideraciones sobre la influencia de factores de tipo cultural se diferencian de otras avanzadas por otros estudiosos y que no dejan de ser importantes. North (1990) ha enfatizado cómo las tradiciones políticas ibéricas se han caracterizado en sentido jerárquico como consecuencia de la influencia del catolicismo. En los Estados Unidos, los valores igualitarios, como aquellos democráticos, se han afirmado gracias a otro referente religioso: el protestantismo. Por lo tanto, las diferentes instituciones políticas están en el origen del desnivel del desarrollo económico de América del Sur y América del Norte. Esta interpretación de los factores culturales, a propósito de estas dos regiones, coloca el acento sobre las diferencias más en el sector de la equidad que en el sector del crecimiento. La misma explicación, que se puede reconducir a la separación catolicismo-protestantismo, se puede utilizar para justificar las dificultades que han tenido las democracias para afirmarse en América Latina.


II. La culpa es de la ciencia

Somos países subdesarrollados. Esta es una verdad evidente que no podemos negar y a la cual no podemos sustraernos. Esta es no sólo una realidad actual, sino que se ha mantenido por muchos años y para la cual no se vislumbran cambios en el futuro cercano. Por lo tanto, por el momento, no parece adecuado intentar buscar u ofrecer soluciones para salir del subdesarrollo. Nos dedicaremos más bien a intentar encontrar una explicación del porqué somos subdesarrollados. La conclusión que se puede extraer del análisis anterior es que nuestro nivel de desarrollo (o subdesarrollo) es un hecho cultural más que una consecuencia de una dominación por parte de otras naciones. El diágnostico que se obtiene apunta, esencialmente, a indicar que todavía no poseemos una identidad cultural propia que pueda calificarnos como una sociedad o civilización; por lo tanto, todavía es prematuro pensar en el desarrollo.

Por otra parte, la evolución histórica de América Latina es completamente diferente de la de Europa. Por lo tanto, todavía existe la posibilidad de llegar a un estado de desarrollo similar sin necesidad de repetir el desarrollo histórico de Europa.

No obstante lo anterior, existen varias etapas en el cambio que lleva del subdesarrollo (feudalismo) al desarrollo (capitalismo), que parecen ser imprescindibles:

1. una revolución social,
2. una revolución cultural,
3. una revolución científica,
4. una revolución industrial, y
5. una revolución económica.

En Europa, un buen ejemplo de revolución social son los siglos XIII y XIV, periodo durante el cual los campesinos y citadinos toman conciencia de su pertenencia a una nación y adoptan, por tanto, una identidad. La Carta Magna, de esa época, se puede considerar como una toma de conciencia de los derechos humanos.

Como ejemplo de revolución cultural podemos considerar la reforma religiosa en la cual se embarcaron los países del norte de Europa durante el siglo XVI. La principal consecuencia práctica para el hombre común fue la libertad de opinión, la libertad de culto y de pensamiento. Esta misma reforma no se dio en los países del sur de Europa, España e Italia, que continuaron fieles a la Inquisición.

El ejemplo paradigmático de revolución científica es la del siglo XVII en Europa. Durante un gran tiempo después de la introducción de la imprenta, a finales del siglo XV, la investigación científica fue principalmente una actividad decentralizada -e incluso individual-, en la cual los científicos aislados ocasionalmente comunicaban sus descubrimientos entre sí en forma escrita o personalmente. La primera ciencia occidental claramente no era un fenómeno localizado: sus juridicciones iban desde la Polonia de Copérnico a la Dinamarca de Tycho Brahe, a la Italia del norte de Galileo, a la Bohemia de Kepler, a la Francia de Descartes y Lavoisier, a la Inglaterra de Boyle y Newton.

Los primeros logros de la ciencia occidental se centraron en la astronomía. El desarrollo de una comunidad científica significativa en Europa con intereses más allá de la astronomía data del siglo XVII. En 1600 se forma la Royal Society of London for Improving Natural Knowledge (La Sociedad Real de Londres para el Avance del Conocimiento), conocida simplemente como la Royal Society, para discutir los informes de los muchos individuos que estaban por entonces realizando investigaciones científicas. Muchas otras sociedades de este tipo se formaron en los siglos XVII y XVIII, constituyendo una red científica en Europa, uno de cuyos propósitos principales era el intercambio de información.

Estas sociedades, y las revistas que publicaban, a la vez divulgaron las nuevas investigaciones y las examinaron para admitirlas en el canon científico. Sus discusiones se convirtieron en una agenda para el momento y sirvieron como un indicador para la nueva investigación que pudiera traer reconocimiento y aclamación de otros científicos. Lo que no ofrecieron era una manera de ganarse la vida. En 1695, por ejemplo, Isaac Newton tuvo un ascenso académico limitado en Cambridge debido a que no había hecho los votos. Para recompensarlo por sus contribuciones científicas con una pensión, el gobierno británico tuvo que nombrar a Newton en un puesto ajeno a la comunidad científica: guardián de la moneda.

Aunque la idea de reunir a los científicos para una investigación dirigida en un instituto equipado con instrumentos de laboratorio y una biblioteca adecuada fue desarrollada en forma exitosa en la primera mitad del siglo XV por el príncipe Enrique, el Navegante, de Portugal, llegó a ser práctica común sólo a principios del siglo XIX. En Londres, sir Joseph Banks, Conde de Rumford, y algunos colegas de la Royal Society formaron la Royal Institution en 1799 para servir como un laboratorio donde los científicos pudieran trabajar y enseñar juntos. Michael Faraday, un siglo después de Newton, fundó toda una carrera en la Royal Institution.

Instituciones similares aparecieron en otros lugares. En 1795 los franceses establecieron la école Polytechnique. En los Estados Unidos, la Universidad de Yale estableció la escuela científica Sheffield en 1847, y el Massachusetts Institute of Technolgy abrió en 1865. De este modo, la ciencia gradualmente desarrolló su propia investigación e instituciones de enseñanza, y los investigadores exitosos eran premiados con asignción de personal y promociones.

A principios del siglo XIX, la ciencia occidental se había dividido en departamentos especializados: matemáticas, astronomía, física, química, geología, botánica, zoología y en los estudios médicos de la anatomía y la fisiología. Algunos de ellos, tal como la física, se dividieron aun más en especialidades más finas.

La ciencia occidental había llegado a ser una institución con propósito general amplio (explicar los fenómenos naturales), una división del trabajo en departamentos especializados con sus propios propósitos subsidiarios, una red de información que mantenía a sus miembros informados del progreso, un sistema de evaluación por pares para evaluar nuevos trabajos y dirimir conflictos, centros formales de enseñanza e investigación, y un conjunto de estímulos para el trabajo aprobado en forma favorable por la comunidad profesional.

Un factor fundamental que mantenía la empresa unida fue su adopción de un único estándar de verdad científica basado en la observación, en la razón, en el experimento y en el diálogo. Este estándar capacitó a los científicos para hacer uso de descubrimientos en otros laboratorios, aun de aquellos de otras disciplinas. También permitió a los artesanos, comerciantes, fabricantes y el resto de la población trabajadora aplicar los descubrimientos científicos en sus labores diarias.

Por supuesto, su organización y misión no son las únicas razones por las cuales floreció la ciencia occidental. También hereda un gran patrimonio intelectual de civilizaciones anteriores: un alfabeto fonético, el sistema numérico árabe que incluía el cero como número, las matemáticas que incluían geometría y álgebra, y la religión que liberaba a la naturaleza del animismo. Pero occidente no fue un heredero inapropiado, dado que a comienzos del siglo XVIII ya había añadido algunas contribuciones intelectuales propias.

El cálculo, por ejemplo, fue claramente una contribución notable. Otra contribución occidental, y quizás la más fundamental, fue el desarrollo del método científico el cual, a partir de Galileo, incluyó una forma refinada de experimentación sistemática. Los científicos e inventores griegos, árabes y chinos entendieron el uso de los experimentos para verificar y confirmar las ideas, aunque no llegaron a obtener nada parecido a los experimentos con el plano inclinado de Galileo, en los cuales las condiciones se cambiaban en forma sistemática como una manera de explorar como funciona la naturaleza. Ni anticiparon los experimentos pensados, imaginarios, de Newton, en los cuales los fenómenos idealizados (por ejemplo, el movimiento en el vacío) se utiliza para explicar fenómenos reales.

Sin la experimentación sistemática el progreso puede ser lento e irregular en ciencia y tecnología. Las mejoras en el diseño del arado, por ejemplo, fueron invenciones de gran significado en sociedades predominantemente agrícolas, pero estuvieron separados por cientos de años. Antes de la edad científica, parece que nadie había intentado mejorar el diseño del arado comparando la eficiencia de distintos diseños de hoja en distintos suelos. Los romanos conocían el concreto, pero fue poco usado como material de construcción hasta finales del siglo XIX cuando los químicos experimentalmente investigaron su adecuabilidad para aplicaciones estructurales variando sistemáticamente la mezcla de sus ingredientes. En el transcurso de pocas décadas, el concreto, incluyendo el hormigón aramado, llegó a ser el material de construcción más ampliamente usado en occidente.

La Revolución Industrial fue un periodo de desarrollo social y financiero que estuvo acompañado de desarrollos científicos tales como la tecnificación de la agricultura, el descubrimiento de nuevos metales y, principalmente, por la revolución mecánica (la introducción de maquinarias en fábricas). Los trabajadores seguían siendo necesarios, pero ahora no solo como fuente de fuerza bruta. Lo que un humano podía hacer en forma mecánica una máquina lo podía hacer mucho mejor y más rápido. Ahora el trabajador se necesitaba solo donde era necesario tomar decisiones que un humano, y no una máquina, podía tomar. Los trabajadores siguieron siendo necesarios, pero ahora como seres humanos.

Llegamos finalmente a la revolución económica. Para explicar el milagro económico occidental y su relación con la ciencia, primero se deben considerar algunas de las razones para el gran éxito de la ciencia occidental -un logro con méritos propios suficientes como para ser considerado un "milagro''. Una razón es que la ciencia occidental hizo un ataque mejor organizado a los secretos de la naturaleza y usó mayores recursos en el asalto que en la ciencia de otras culturas.

Quizás el punto más importante acerca de la ciencia y la tecnología occidental es que ellos estaban realmente relacionados.

En otras civilizaciones, las tecnologías económicamente útiles dependían en forma mínima, si es que lo hacían, de la sabiduría de los astrónomos (o astrólogos), filósofos, matemáticos y otros sabios. Estos pensadores tenían poco que ofrecer a los campesinos, a los marineros, a los herreros y otros artesanos que habían desarrollado tecnologías propias dentro de sus tradiciones profesionales. De hecho, los pensadores a menudo se encerraban ellos mismos en un mundo abstracto de ideas como un escapatoria del mundo real, transitorio e imperfecto. Sin embargo, para los científicos occidentales no había escapatoria. Sus métodos empíricos los obligaban a comprometerse con el mundo real y lograron tanto debido justamente a que los científicos estaban muy comprometidos.


III. ¿Y entonces qué?

América Latina no ha completado ninguna de las revoluciones (social, cultural, científica, industrial, económica) mencionadas anteriormente.

Con respecto a la revolución científica y nuestros países no podemos dejar de citar a Enriquez (2000):

Bueno ...
Todas estas revoluciones científicas son fascinantes, pero
?qué tienen que ver con América Latina?
Muy poco ...
o nada,
y precisamente ahí está el problema.

Es cierto que la mecánica cuántica, la relatividad general y los agujeros negros son fascinantes intelectualmente, pero no son un producto intelectual de nuestra sociedad. Lo mismo se puede decir del cálculo diferencial o de la teoría de la información, y de una lista interminable de logros científicos que no nos pertenecen.

No deja de ser importante también lo expresado por Whitehead y por Okun:

En las condiciones de la vida moderna, la regla es absoluta: la raza que no valora la inteligencia entrenada está condenada. ... . Hoy podemos mantenernos. Mañana la ciencia habrá dado todavía un paso más y no habrá apelación para el juicio que será pronunciado hacia los no educados.
A. N. Whitehead (1929)

Y, en segundo lugar:

La propagación de sentimientos y acciones anticientíficos puede producir una reacción en cadena suicida. Mientras más ignorante se vuelve la gente, más odian el espíritu de curiosidad científica, y más irreversible se vuelve el proceso de degradación intelectual.
L. Okun (1993)

Para terminar me parece adecuado enfatizar la urgencia de un "cambio cultural dirigido'' para salir del subdesarrollo cultural en el cual nos encontramos y acortar la brecha que nos separa cada vez más de los países culturalmente (y, en consecuencia, económicamente) desarrollados.

Agradecimientos


A Franco Goio y Giussepe Ieraci por su paciencia para responder mis preguntas y por guiarme a través de la literatura.

Bibliografía

1. P. Baran, The Political Economy of Growth (Monthly Review Press, New York, 1957).

2. J. Enriquez C., El reto de México: Tecnología y Fronteras en el Siglo XXI (Planeta, México, 2000).

3. F. Fossati, Mercato e Democrazia in America Latina (FrancoAngeli, Milano, 1997).

4. A. G. Frank, Capitalism and Underdevelopment in Latin America (Monthly Review Press, New York, 1967).

5. C. Fuentes, La Nueva Novela Hispanoamericana (Joaquín Mortiz, México, 1969).

6. J. Galtung, Western Civilization: Anatomy and Pathology, Alternatives 7:1, 145 (1981).

7. A. O. Hirschmann, National Power and the Structure of Foreign Trade (University of California Press, Berkeley, 1945).

8. S. Huntington, The Clash of Civilizations, Foreign Affairs 72:3, 22 (1993).

9.R. Jiménez, América Latina y el Mundo Desarrollado (Universidad Católica Andrés Bello, Caracas, 1977).

10. D. C. North, Institutions, Institutional Change and Economic Performance (Cambridge University Press, Cambridge, 1990).

11. L. Okun, Outlook, en Proceedings of the International Europhysics Conference on High Energy Physics, Marseille, 1993 (Editions Frontiers, 1993).

12. T. E. Weisskopf, Capitalism, underdevelopment and the future of the poor countries, en Economics: mainstream readings and radical critiques, ed. D. Mermelstein (Random House, New York, 1970).

13. A. N. Whitehead, The Aims of Education, in The Aims of Education and other Essays (Macmillan, New York, 1929).

Imágenes: Catálogo internacional del registro de la hora, Libro impreso 1914, Smithsonian Institution Libraries / The smoke pouring from chimneys, The perspective / Transport Picture, Agile Rabbit Edition /

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