Ser mujer, por Camila García

Por Camila García

La última vez que estuve en Barichara revolqué todas las revistas viejas en busca de recortes para hacer collage y así me encontré con este artículo, no estoy segura de qué revista lo saqué, creo que fue de Life, el artículo se llama Una joven de 1954, lo transcribiré junto con las leyendas de las fotos, arriba, debajo de la primera foto a la izquierda dice: A las 8 am Edda ya está en su escritorio y comienza sus ocho horas de trabajo, sigue el artículo:


Una joven de 1954

Edda Liss disfruta de su nueva libertad

Juzgando las cosas desde el punto de vista norteamericano la vida de Edda Liss, una muchacha alemana de 26 años que trabaja como secretaria en una compañía de productos químicos de Hannover, en la Alemania Occidental, no es ni fácil ni muy independiente. Pero en Alemania donde las jóvenes de buenas familias acostumbraban a dedicarse  a labores hogareñas, el hecho de que Edda trabaje y maneje su propio dinero representa un gran cambio en la posición tradicional de la mujer.

Edda es hija de un prominente médico de la zona oriental que como otros once millones de alemanes ha huido de los rojos. En 1947 la muchacha comenzó a trabajar por cinco dólares mensuales con tal de ayudar a su familia, pero hoy gana 94, sueldo alto para una mujer. Criada en un ambiente conservador, Edda considera impropio interesarse en política y se mantiene alejada de la actual controversia sobre los derechos civiles de la mujer. Sin embargo, a su modo, está probando sus alas, y tomando decisiones que hubiera considerado extraordinarias antes de la guerra. El ganar dinero le permite satisfacer su deseo de viajar. Empleó sus ahorros para visitar Italia y proyecta un viaje de dos semanas por la Costa Azul. Edda se pinta los labios, aunque no usa polvo, y disfruta comprándose ropa con su propio dinero. Su más preciada adquisición es un abrigo de piel que le costó 132 dólares. Actualmente vive con sus padres en un departamento un tanto estrecho, pero está buscando un cuarto amueblado para vivir sola.

A pesar de todo esto Edda tiene una gran ambición: casarse. Aunque en la Alemania Occidental hay tres millones más de mujeres que de hombres. Edda es lo bastante bonita para tener varios cortejantes y parece que pronto cambiará su independencia por la dichosa esclavitud doméstica de la esposa que debe quedarse en casa y obedecer al marido. 



A la izquierda: Vistiéndose para la oficina en la estrecha alcoba que comparte con su hermanita Hella (izquierda) y su hermano de 9 años Wölfi (derecha en cama) Edda, medio dormida sujeta una toalla.
A la derecha:Su amigo favorito, el conde Hasso von Polier, también refugiado, la lleva a dar un paseo.




Buscando un cuarto amueblado con oficina colectiva, Edda recorre a la salida del trabajo una calle de la bombardeada Hannover.




A la izquierda: Cambiándose en la oficina, para ir a la Ópera. Edda se pone un vestido de Tafetán.

A la derecha: Camino a casa, Edda, que se levanta a las 6 a.m, dormita durante el viaje a los suburbios.

Poco antes de encontrar este artículo leí La mujer justa de Sándor Márai aquí un fragmento muy diciente también de lo que significa ser mujer en este mundo patriarcal:


"¿Sabes?, yo rondaba los cincuenta cuando por fin comprendí a Tolstói. ¿Has leído la Sonata a Kreutzer, su obra maestra? En ella hablaba de los celos, quizá porque él mismo era de carácter tortuosamente sensual y celoso, pero eso no es lo esencial. Los celos no son más que una forma innoble y miserable de orgullo. Sí, también conozco ese sentimiento...lo conozco bien. Casi me mata. Pero ya no soy celoso, ¿comprendes? ¿Me crees? Mírame a la cara. No,viejo amigo, ya no soy celoso porque he conseguido superar el orgullo, aunque a costa de un esfuerzo enorme. Tólstoi estaba convencido de que existía un remedio y reservó para las mujeres un destino casi animal: traer hijos al mundo y vestir todas como monjas. Una solución monstruosa y enfermiza. Aunque la solución que convierte a la mujer en un llamativo objeto de decoración, en una obra de arte cargada de sensualidad, también es inhumana y morbosa. ¿Cómo voy a respetar a alguien, cómo voy a entregar mis sentimientos y mis pensamientos a una persona que desde que se levanta hasta que se acuesta no hace más que cambiarse de ropa y emperifollarse para resultar más atractiva? Ella dice que con sus plumas, sus pieles y sus fragancias no pretende gustar a nadie más que a mí...pero no es cierto. Quiere gustar a todos, quiere que su presencia suscite una intensa y persistente excitación en el sistema nervioso de todos los individuos de sexo masculino. Vivimos así. En cines, teatros, calles, cafés, restaurantes, playas, montañas...en todas partes notarás esa agitación malsana ¿Tú crees que la naturaleza necesita todo eso? ¡Ni mucho menos! Eso sólo lo necesita un sistema productivo y un ordenamiento social en el que la mujer se considera a sí misma una mercancía.
Sí, tienes razón, yo tampoco conozco un orden social y productivo que sea mejor...Todos los experimentos con los que han intentado sustituirlo han fracasado. La verdad es que en este sistema la mujer siempre está en venta, algunas veces de forma deliberada, pero las más, de modo inconsciente, lo reconozco. No digo que todas las mujeres se sientan y se traten a sí mismas como objetos de cambio... pero no creo que las excepciones puedan desmentir la regla general. Tampoco pretendo acusar a las mujeres, ellas no pueden hacer otra cosa. A veces es muy triste asistir a esa continua actitud de ofrecimiento, a ese pavoneo estúpido y coqueto que esconde una profunda amargura, sobre todo cuando la mujer sabe lo difícil que es su situación, pues hay otras más bellas, más excitantes y más baratas...La competencia ha llegado a ser terrible: en la mayoría de las ciudades europeas viven más mujeres que hombres y ellas no tienen acceso a las profesiones liberales, así que, ¿qué pueden hacer las pobres con su triste y humana existencia femenina? Pues ofrecerse. Algunas de forma virtuosa, púdica, bajando la mirada, como delicadas y trémulas nomeolvides, aunque al revés, porque en secreto ellas tiemblan al pensar que nunca las tocaremos...y otras, más conscientes, yendo a diario a la guerra con paso firme, como los soldados de las legiones romanas, que sabían que luchaban contra los bárbaros por la defensa del imperio...No, amigo mío, no tenemos derecho a juzgar a las mujeres con severidad. Sólo podemos compadecerlas. Aunque quizá no es por ellas por quienes debemos sentir compasión sino por nosotros mismos, por los hombres, que somos incapaces de solucionar esta crisis latente y tortuosa en el gran mercado de la civilización. Vayas donde vayas y mires donde mires, sólo encontrarás abierta provocación. Y detrás de todas las miserias humanas está siempre el dinero, si no siempre al menos en el noventa y nueve por ciento de los casos. Esto no lo mencionó su iracunda acusación en la Sonata a Kreutzer...
Hablaba de los celos. Criticaba a las mujeres, desaprobaba la moda, la música, las tentaciones de la vida en sociedad. Lo que nunca dijo es que ningún orden social o productivo puede darnos la paz espiritual y somos nosotros los únicos que podemos conquistarla. ¿Cómo? Venciendo el orgullo y el deseo. ¿Y eso es posible? No se sabe. Tal vez cuando pasan los años. Con el tiempo los deseos no mueren, pero se disipa la angustia, la avidez furiosa, se agotan la desesperada excitación y la náusea que inundan el deseo y la satisfacción. Sí, uno se cansa. Yo casi me alegro de que la vejez está llamando a mi puerta. A veces no veo la hora de que lleguen los días lluviosos en que me sentaré a la chimenea junto a una botella de vino tinto y un libro viejo que trate de antiguos deseos y desengaños..." 
Pg. 205-207

Y todavía hay quien dice que el feminismo no son más que ganas de joder.

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